1. 5Ciencia
orsten Krude, profesor de Biología Celular
de la Universidad de Cambridge y miembro del Darwin College, es el editor de
estos ensayos basados en el ciclo de conferencias con que esta entidad
conmemoró en el año 2003 el cincuenta aniversario del descubrimiento de la
estructura de la doble hélice del ADN. Tales conferencias fueron encomendadas a
notables especialistas en distintas disciplinas que, independientemente unos de
otros y de modo muy personal, exploraron las consecuencias de aquel descubrimiento
llevándolas hacia esferas de la vida moderna muy diferentes e importantes tanto
para la ciencia como para la sociedad.
Aaron Klug, premio Nobel de Química 1982, abre el ciclo describiendo cómo se llegó a éste descubrimiento, los caminos erróneos que se siguieron hasta la construcción del modelo final, con una acogida algo reacia antes de su confirmación. Incluye también un breve resumen de los resultados de las investigaciones posteriores sobre la replicación de la molécula y la transcripción de la secuencia de ADN.
Alec J. Jeffreys es célebre por su invención de la “huella genética” con su implicación en otras ramas, especialmente en los campos de variabilidad y mutación del ADN humano. Precisamente de esa huella genética trata su exposición, y de su impacto en la vida de personas involucradas en investigaciones criminales, disputas de paternidad, inmigración, etc.
El capítulo siguiente, sobre el ADN antiguo, cuyo autor es Svante Päabo, describe los problemas planteados en la extracción y el estudio de ADN de restos hallados en excavaciones arqueológicas y paleontológicas, a veces en estado muy deteriorado. Sin embargo, estos análisis se han realizado con éxito en el caso de relaciones genealógicas de organismos extinguidos, discutiendo como ejemplo las de los moas, el lobo marsupial y los neandertales.
Ron Laskeay dedica su intervención, “ADN y cáncer”, a la comprensión de esta enfermedad y su tratamiento, habida cuenta de que esencialmente es debida a daños en el ADN. Paradójicamente, dos de los tratamientos más importantes para el cáncer están basados en infligir aún más daños al ADN, hasta el punto de que las células dañadas se suicidan.
Malcolm Grant es abogado ambientalista y catedrático de Economía de la Tierra y estudia en “ADN, biotecnología y sociedad” las actividades sociales ante los avances en biotecnología, la resistencia con que se oponen a los cultivos transgénicos y la polarización del debate sobre la relación ciencia-tecnología-sociedad, lo que le lleva a considerar la necesidad de desarrollar procesos políticos más abiertos que contribuyan al pensamiento social de forma inteligente.
Robert Winston, especialista en biología reproductiva y del desarrollo, aborda temas especialmente vinculados al conocimiento actual del ADN en el ámbito de la medicina reproductiva, discutiendo aspectos del embrión humano, el proceso del envejecimiento de las mujeres, desarrollo de los gametos y defectos en la implantación del embrión, fertilización in vitro, clonación y animales transgénicos y células madre embrionarias. Por su parte, la psicóloga Dorothy Bishop expone el debate entre los lingöistas y los psicólogos sobre la especialización en el lenguaje de los humanos. Hoy empiezan a oirse voces más moderadas que arrojan luz sobre nuestra comprensión de las complejas rutas que van desde los genes hasta el comportamiento pasando por la neurobiología.
Finalmente Onora O’Neill se adentra en los aspectos éticos que surgen del conocimiento genéticos. Aparte de las disputas entre entusiastas y alarmista frente a las implicaciones éticas de aquel conocimiento, hay que hacer frente a asuntos que tienen que ver con el uso y el control de la información genética y su propiedad personal, familiar o colectiva.
Variedad de temas, como se ve, tratados con autoridad por distinguidos especialistas pero, al mismo tiempo, como es propio de conferencias que pueden contar con un público heterogéneo, expuestos con el magisterio de quienes saben hacerse entender por él.
Aaron Klug, premio Nobel de Química 1982, abre el ciclo describiendo cómo se llegó a éste descubrimiento, los caminos erróneos que se siguieron hasta la construcción del modelo final, con una acogida algo reacia antes de su confirmación. Incluye también un breve resumen de los resultados de las investigaciones posteriores sobre la replicación de la molécula y la transcripción de la secuencia de ADN.
Alec J. Jeffreys es célebre por su invención de la “huella genética” con su implicación en otras ramas, especialmente en los campos de variabilidad y mutación del ADN humano. Precisamente de esa huella genética trata su exposición, y de su impacto en la vida de personas involucradas en investigaciones criminales, disputas de paternidad, inmigración, etc.
El capítulo siguiente, sobre el ADN antiguo, cuyo autor es Svante Päabo, describe los problemas planteados en la extracción y el estudio de ADN de restos hallados en excavaciones arqueológicas y paleontológicas, a veces en estado muy deteriorado. Sin embargo, estos análisis se han realizado con éxito en el caso de relaciones genealógicas de organismos extinguidos, discutiendo como ejemplo las de los moas, el lobo marsupial y los neandertales.
Ron Laskeay dedica su intervención, “ADN y cáncer”, a la comprensión de esta enfermedad y su tratamiento, habida cuenta de que esencialmente es debida a daños en el ADN. Paradójicamente, dos de los tratamientos más importantes para el cáncer están basados en infligir aún más daños al ADN, hasta el punto de que las células dañadas se suicidan.
Malcolm Grant es abogado ambientalista y catedrático de Economía de la Tierra y estudia en “ADN, biotecnología y sociedad” las actividades sociales ante los avances en biotecnología, la resistencia con que se oponen a los cultivos transgénicos y la polarización del debate sobre la relación ciencia-tecnología-sociedad, lo que le lleva a considerar la necesidad de desarrollar procesos políticos más abiertos que contribuyan al pensamiento social de forma inteligente.
Robert Winston, especialista en biología reproductiva y del desarrollo, aborda temas especialmente vinculados al conocimiento actual del ADN en el ámbito de la medicina reproductiva, discutiendo aspectos del embrión humano, el proceso del envejecimiento de las mujeres, desarrollo de los gametos y defectos en la implantación del embrión, fertilización in vitro, clonación y animales transgénicos y células madre embrionarias. Por su parte, la psicóloga Dorothy Bishop expone el debate entre los lingöistas y los psicólogos sobre la especialización en el lenguaje de los humanos. Hoy empiezan a oirse voces más moderadas que arrojan luz sobre nuestra comprensión de las complejas rutas que van desde los genes hasta el comportamiento pasando por la neurobiología.
Finalmente Onora O’Neill se adentra en los aspectos éticos que surgen del conocimiento genéticos. Aparte de las disputas entre entusiastas y alarmista frente a las implicaciones éticas de aquel conocimiento, hay que hacer frente a asuntos que tienen que ver con el uso y el control de la información genética y su propiedad personal, familiar o colectiva.
Variedad de temas, como se ve, tratados con autoridad por distinguidos especialistas pero, al mismo tiempo, como es propio de conferencias que pueden contar con un público heterogéneo, expuestos con el magisterio de quienes saben hacerse entender por él.
"Ciencia, tecnología y sociedad"
constituye el tercer bloque del volumen. En esta parte se trata de propiciar
una reflexión sobre los nuevos retos y amenazas que plantea la ciencia en un
mundo global de recursos desigualmente distribuidos. En este sentido, un tema
relevante, al que está dedicada la primera contribución de José Antonio López
Cerezo y José Luis Luján (de las universidades de Oviedo e Islas Baleares,
respectivamente), es el examen de la naturaleza y características que debería
tener lo que se ha llamado "un nuevo contrato social para la ciencia".
A continuación, Daniel Sarewitz, politólogo de la Universidad de Columbia y
consultor en el Congreso norteamericano, realiza una interesante crítica de los
criterios que, desde la guerra fría, han venido orientando la política
científico-tecnológica de EE.UU. y otras naciones industrializadas. A modo de
contrapunto desde el Sur, Rodrigo Arocena y Judith Sutz, conocidos
investigadores de Universidad de la República en Montevideo, reflexionan sobre
las realidades y los retos abiertos para la universidad en Latinoamérica.
Finalmente, Steve Fuller, un destacado autor CTS de origen norteamericano y
actualmente profesor en la Universidad de Warwick (Reino Unido), aborda uno de
las cuestiones más de moda en el marco de la temática general de este volumen:
el significado de la llamada “sociedad del conocimiento”.
El cuarto bloque tiene por título
"Ciencia, tecnología y valores". Cuando se discuten las relaciones
ciencia-sociedad, o la relevancia política de la ciencia, el problema de los
valores es algo que ocupa invariablemente un lugar destacado. Es también el
tema general de la contribución de Javier Echeverría, Profesor de Investigación
en el Instituto de Filosofía del CSIC. Echeverría revisa en su aporte los
distintos tipos de valores que han de ser tomados en consideración al evaluar
la tecnociencia. En la segunda contribución, Francisco Álvarez, del Dpto. de
Lógica y Filosofía de la Ciencia de la UNED, defiende la necesidad de reconocer
la incertidumbre y el papel de los valores, sin por ello compartir una perspectiva
irracionalista o conservadora. Por su parte, Adelaida Ambrogi, Profesora de
Filosofía de la Ciencia de la Universidad de las Islas Baleares, realiza una
crítica del programa de “eugenesia utópica” defendido por P. Kitcher y el
modelo de estudio de la ciencia presupuesto. Por último, Javier Ordóñez,
Catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid,
cierra esta parte con una interesante reflexión histórica sobre la relevancia
de la tecnología, y las interacciones ciencia-tecnología-sociedad, a través de
la evolución de las artes de la guerra.
El último bloque está dedicado al tema
“Ciencia, tecnología y género”. La parte más numerosa de la sociedad es la
constituida por la mujeres. Sin embargo, como se denunció en el Congreso
Mundial sobre la Ciencia de Budapest, y como se tematiza recientemente en las
páginas de la revista Nature, las mujeres siguen siendo las grandes
excluidas, por no decir perjudicadas, de la institución científica. La primera
contribución, a cargo de Eulalia Pérez Sedeño, Catedrática de Filosofía de la
Ciencia en la Universidad del País Vasco, defiende que al introducir la
categoría de género, en una nueva comprensión de la ciencia y la tecnología, se
redefine lo que sea ciencia y tecnología. A continuación, tres reconocidas
autoras en este campo: Ana Sánchez, de la Universidad de Valencia, Amparo
Gómez, de la Universidad de La Laguna, y Paloma de Villota, de la Universidad
Complutense de Madrid, realizan interesantes revisiones del estado de los
estudios de género y ciencia en los ámbitos respectivos de las ciencias
biomédicas, las ciencias sociales y la economía. Para finalizar, Marta
González, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid, expone lúcidamente
algunas características epistemológicas generales de los estudios de género y
ciencia, que aproximan éstos a los nuevos enfoques naturalistas en el estudio
de la ciencia.
Determinación social del conocimiento
científico y tecnológico Causalidad de la ciencia y la tecnología sobre el
cambio social: • Ciencia básica-ciencia aplicada- tecnología - innovación :
definiciones y relaciones • Modelos lineales e interactivos • Los resultados de
la I+D – los impactos en la sociedad • Múltiples determinaciones en la
implementación de una práctica social Tesis sobre la ciencia como fenómeno
social Funciones : – Producción de conocimiento – Estructuración del
conocimiento – Acopio de conocimiento – Distribución del conocimiento –
Utilización del conocimiento. – Mandatos del conocimiento Sistema de
conocimiento • Economía • Política. • Comunidad (en términos de sociedad
civil). • Dominios institucionales especializados (salud, educación, ley,
bienestar social, seguridad social). • Individuos y población (actitudes
públicas hacia la ciencia, percepción, variables demográficas. • Cultura y
valores (industria cultural, creencias, valores, normas y comportamientos).
Dimensiones sociales sobre las que impacta la ciencia: • ¿es posible
cuantificar los efectos positivos de la ciencia en el bienestar social? •
Dificultad de análisis de procesos de “transferencia” entre ciencia y sociedad
• Impacto social • “intensidad científica” de determinados campos sociales
(salud, educación, etc.). Las instancias mediadoras entre ciencia y sociedad •
Sistemas de innovación. • actores sociales: instituciones científicas y
tecnológicas, Estado, ONGs., empresas. Intereses cognitivos e intereses
sociales • Aspectos socio-culturales. Conocimiento y desarrollo social.
Conocimiento científico - conocimiento “local” , “spill over” , divulgación y
popularización de la ciencia. Ciencia y educación Las instancias mediadoras
entre ciencia y sociedad a) Análisis de la oferta de conocimiento b)Análisis de
la instancia de intermediación entre el conocimiento producido y los
beneficiarios finales c) Análisis del uso de conocimiento científico y
tecnológico en bienes, servicios o acciones de diversos sectores
institucionales d)Análisis de los efectos (positivos o negativos) en la
población de la incorporación de conocimiento científico y tecnológico en prácticas
sociales, hábitos e instituciones Estrategia de medición según niveles de
observación de la relación ciencia-sociedad ciertas características del
conocimiento disponible aumentan las probabilidades de dinamizar la
transferencia tecnológica.
La Revolución científica fue una
época asociada principalmente con los siglos XVI y XVII, en que nuevas ideas y
conocimientos en física, astronomía, biología, medicina yquímica transformaron
las visiones antiguas y medievales sobre la naturaleza y sentaron las bases de
la ciencia moderna.1 2 3 4 5 6 De
acuerdo a la mayoría de versiones, la revolución científica se inició en Europa hacia
el final de la época del Renacimiento y
continuó a través del siglo XVIII (la Ilustración).
La esencia real de la Revolución Científica
comprendió un amplio espacio, en el cual se desarrollaron los hechos que dieron
origen a dicho evento. Esta revolución, como su nombre lo indica, representó el
cambio paradigmático de la era en que reinaban formas de proceder como la
especulación y la deducción. Pasando a tiempos en el cual se procede mediante
una forma más sustentada, es decir, con soportes firmes basados en la ciencia
pura, para dejar de lado la visión aérea de los hechos. Esta revolución,
presentó las razones por las cuales la asimilación de un nuevo tipo de fenómeno
o de una nueva teoría científica debe exigir el rechazo de un paradigma más
antiguo. La idea de la Revolución no se derivan de la estructura lógica del
conocimiento científico; pues podría surgir un nuevo fenómeno sin reflejarse
sobre la práctica científica pasada.
La ciencia
medieval fue significativa en el establecimiento de una base para la
ciencia moderna. El historiador y científico J. D. Bernal8 9 10 afirmó
que «el renacimiento hizo posible una revolución científica que permitió a los
eruditos ver el mundo bajo una luz diferente. La religión, la superstición y el
miedo fueron reemplazados por la razón y el conocimiento».11 James
Hannam dice que, si bien la mayoría de los historiadores piensan que algo
revolucionario sucedió en ese tiempo, «el término “revolución científica” es
otra de esas etiquetas históricas prejuiciosas que no explican nada. Usted
podría llamar a cualquier siglo desde el XII al XX, una revolución en ciencia»
y que el concepto «no hace más que reforzar el error de que antes de Copérnico
nada de importancia en ciencia se llevó a cabo».12 A
pesar de algunos desafíos a puntos de vista religiosos, muchas figuras notables
de la revolución científica —incluyendo Nicolás Copérnico, Tycho
Brahe, Johannes Kepler, Galileo
Galilei, e Isaac Newton— siguieron siendo devotos en su fe.13
Este periodo experimentó una transformación
fundamental en las instituciones de apoyo a la investigación científica, y en
la visión del universo. La revolución científica condujo a la creación de
varias ciencias modernas. Muchos escritores contemporáneos e historiadores
modernos sostienen que hubo un cambio revolucionario en la visión del mundo.
El sociólogo e historiador de la ciencia
Steven Shapin comenzaba su libro, The Scientific Revolution , con la
paradójica afirmación: «No hay tal Revolución científica, y este es un libro
acerca de ella».14 Aunque
los historiadores de la ciencia siguen discutiendo el significado exacto del
término, e incluso su validez, la revolución científica sigue siendo un
concepto útil para interpretar muchos cambios en ciencia.
La idea del mundo y el Universo[editar]
Las bases de la Revolución científica
estaban en la hipótesis astronómica, es decir, en las propuestas sobre la
conformación del Universo o la visión del mundo que tenían los más destacados
autores.
La teoría aristotélica fue lo más aceptado
como explicación de los fenómenos del cielo, (independientemente de las
creencias cristianas) hasta que a principios del siglo XVI, comenzaron a
hacerse observaciones más atentas a los cuerpos celestes al señalar muchas de
las propiedades de estos, después junto con ello apareció la nueva
propuesta de Nicolás Copérnico sobre la conformación del
Universo y a partir de esta surgen otras más.
El primer modelo astronómico importante
correspondió al heliocéntrico, propuesto por Copérnico en su
obra De revolutionibus orbium coelestium.
El modelo consiste en la ubicación del Sol como centro del Universo, la Tierra
se encuentra girando alrededor de este Sol junto con la luna y los demás
planetas. Esta postura todavía tenía semejanza con las ideas antiguas, ya que
Copérnico indicó que, el movimiento de los cuerpos es siempre circular y que
además el Universo entero es finito y esférico. La religión de entonces no
asimiló con hostilidad esta teoría, debido a que ya estaba acostumbrada a los
primeros sistemas planetarios antiguos y además el sistema copernicano no tuvo
mucha influencia pública.
Años después de la muerte de Copérnico en
1543, un astrónomo y observador llamado Tyco Brahe,
tuvo una diferencia notable con Copérnico al revelar su sistema planetario el
cual consistió en que la Tierra se ubica en el centro, en torno a ella giran el
Sol y la Luna y las estrellas están fijas. El sol da una vuelta de 24 horas y
arrastra con él a todos los demás planetas. Estas observaciones motivaron más
tarde a Johannes Kepler a revelar el verdadero
movimiento orbital de los planetas. Charles
Singer en su Historia de la ciencia confirma lo siguiente:
“La tentativa de Tycho Brahe de representar la estructura del Universo conforme
la figura ideal del círculo, fue el último gran esfuerzo del espíritu
pitagórico, salvo por lo que toca a su discípulo Kepler. El Siglo Rebelde
exigió pruebas directas de la concepción de la estructura del mundo”15
Después del denominado Siglo Rebelde
llegó Giordano Bruno a Inglaterra, dónde expuso en el
año 1584 su idea de que no hay nada en reposo dentro del Universo, las
estrellas son el centro de otros mundos, lo que significa que el universo es
infinito. Así lo afirma Bruno “Todos estos innumerables mundos que vemos en el
Universo no están contenidos en él como en una vasija, si no comprendidos o
conservados por la causa eficiente que los mueve”16 .
Por supuesto la iglesia cristiana rechazó esta teoría por completo, por lo que
Bruno fue quemado en la hoguera en 1600.
Modelo planetario de Kepler
Fue hasta inicios del siglo XVII en que la
idea del mundo adquiere una solidez importante, Kepler publicó sus
descubrimientos donde revela que la Tierra y los demás planetas son los que
realizan su recorrido alrededor del Sol y que además la trayectoria de estos no
era de forma circular si no elíptica (Cosa que determinó en base a las ideas de
Tycho Brahe) y que el Sol está situado en uno de los focos de cada elipse
por lo que cada órbita elíptica tiene este foco en común. También que la
velocidad de los planetas varía mucho dependiendo de su cercanía al Sol. Kepler
justifica la armonía matemática del Universo y lo expresa en su obra Mysterium Cosmographicum
Por otro lado el físico italiano Galileo
Galilei,con la ayuda del telescopio y su observación, descubrió varias
propiedades de la Luna, los satélites de Júpiter, entre otras cosas pero
lo más importante de sus estudios es que también se aferró fielmente a la
teoría heliocéntrica y publica su obra Sidereus
nuncios, donde fundamentó sus descubrimientos y con ellos demostró la
veracidad básica de lo que elsistema copernicano estableció. Con su
obra pretendió que fuese reconocido al máximo. En este momento Kepler y Galileo
hacen contacto entre sí, al principio ellos tendían a rechazarse el uno al otro
porque sus diferencias en nacionalidad y religión los convertía en adversarios,
sin embargo tenían en común sus observaciones y la idea de defender el
heliocentrismo, cosa que estimuló una especie de alianza entre ellos.
Estas pretensiones llegaron tan lejos que
alcanzaron a incomodar a la iglesia y no hubo de otra más que juzgar a Galileo
por la defensa de sus determinaciones. Los argumentos en contra de él
consistieron en que Galileo introdujo doctrinas que contradicen a la física
aristotélica, alterando toda la base teológica, además, quitar a la Tierra del
centro del Universo resulta alterante para la iglesia. Sin embargo
Galileo tenía puntos a favor y es que, la autoridad escolástica no se opuso
nunca a la teoría de Copérnico, por lo que los libros de Galileo no debían
causar ningún daño.
Este pasaje concluye cuando Galileo es
forzado a retractarse de sus afirmaciones.
Ideas nuevas[editar]
Galileo
Galilei. Retrato a lápiz de Leoni.
La revolución científica no se caracterizó
por un solo cambio. Las siguientes ideas contribuyeron a lo que se llama
revolución científica:
La sustitución de la Tierra como centro del
universo por el heliocentrismo.
Menosprecio de la teoría aristotélica de que la materia era
continua e integrada por los elementos tierra, agua, aire y fuego, porque su
rival clásico, el atomismo, se prestaba mejor a una «filosofía mecánica» de la
materia.17 18
La sustitución de las ideas mecánicas
aristotélicas19 con
la idea de que todos los cuerpos son pesados y se mueven de acuerdo a las
mismas leyes físicas.
La inercia reemplazó
a la teoría del ímpetu medieval
que proponía que el movimiento no natural (movimiento rectilíneo «forzado» o
«violento») es causado por la acción continua de la fuerza original impartida
por un impulsor sobre el objeto en movimiento.20 21
La sustitución de la idea de Galeno sobre
los sistemas venoso y arterial como dos sistemas separados, por el concepto
de William Harvey de que la sangre circulaba de
las arterias a las venas «impulsada en un círculo, y en un estado de constante
movimiento».22
Según Galileo,
el núcleo de lo que llegó a ser conocido como método científico en las ciencias físicas modernas
se establece en su libro Il
saggiatore, y sería el concepto de una interpretación sistemática y
matemática de experimentos y hechos empíricos:
La filosofía [i.e., la física] está escrita
en este gran libro —me refiero al universo— que permanece continuamente abierto
a nuestra mirada, pero no se puede entender a menos que primero se aprenda a
comprender el lenguaje y la interpretación de los caracteres en que está
escrito. Está escrito en el lenguaje de las matemáticas y
sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las
cuales es humanamente imposible entender una sola palabra de él; sin estos, uno
está dando vueltas en un oscuro laberinto.23
No obstante, muchas de las figuras
importantes de la revolución científica compartían el respeto renacentista por
el aprendizaje antiguo y citaban linajes antiguos para sus innovaciones.
Nicolás Copérnico (1473-1543),24 Kepler (1571-1630),25 Newton (1642-1727)26 y Galileo
Galilei (1564-1642)1 2 3 4 trazaron
diferentes ascendencias antiguas y medievales para el sistema heliocéntrico. En los escolios a
los axiomas de su obra Principia ,
Newton decía que sus tres
leyes axiomáticas del movimiento ya fueron aceptadas por matemáticos
como Huygens (1629-1695), Wallace, Wren y otros,
y también, en apuntes en sus borradores de la segunda edición de los Principia,
atribuyó su primera ley del movimiento y su ley de la gravedad a varias figuras
históricas.27 De
acuerdo con el mismo Newton y otros historiadores de la ciencia,28 la
primera ley del movimiento de susPrincipia era
el mismo principio contrafactual de Aristóteles del movimiento interminable en
el vacío, que escribió en Física 4.8.215a19-22, y también fue apoyado
por los atomistas de la Antigua
Grecia y otros.
El modelo geocéntrico era prácticamente
aceptado por todo el mundo hasta 1543, cuando Nicolás Copérnico publicó De revolutionibus orbium coelestium,
y continuó siendo ampliamente aceptado en el siguiente siglo. En la misma
época, los resultados de Vesalio corrigieron
las anteriores enseñanzas anatómicas de Galeno, que se basaban en la disección
de animales, y se suponía que debían servir de guía para el cuerpo humano.
Anton van Leeuwenhoek, la primera persona en
usar unmicroscopio para
ver las bacterias.
Andreas
Vesalius (1514-1564) fue autor de uno de los libros más influyentes
sobre anatomía humana, De humani corporis fabrica,,29 también
de 1543. El cirujano francés Ambroise
Paré (c.1510-1590) es considerado uno de los padres de la cirugía,
líder en técnicas quirúrgicas y medicina de batalla, en especial el tratamiento
de heridas. Basándose en parte en las obras del cirujano y anatomista italiano
Matteo Realdo Colombo (c. 1516-1559), el anatomista William
Harvey (1578-1657) describió el sistema circulatorio.30 A Herman
Boerhaave (1668-1738) se le llama a veces «padre de la fisiología»,
debido a su enseñanza ejemplar en Leiden y el libro de texto Institutiones
medicae (1708).
Entre 1650 y 1800 se desarrolló la ciencia
de la odontología moderna. Se dice que el médico francés
Pierre Fauchard (1678-1761) inició la ciencia de la odontología tal y como la
conocemos hoy en día, y ha sido llamado «padre de la odontología moderna».31
Pierre
Vernier (1580-1637) fue el inventor y epónimo de la escala vernier utilizada
en aparatos de medición.32 Evangelista Torricelli (1607-1647) fue
conocido por su invención del barómetro.
Aunque Franciscus Vieta (1540-1603) dio la primera
notación del álgebra moderna, John
Napier(1550-1617) inventó los logaritmos,
y Edmund Gunter (1581-1626) creó las escalas logarítmicas (líneas o reglas) en
las que las que se basan las reglas de cálculo. William
Oughtred (1575-1660) fue el primero que utilizó dos escalas que se
deslizaban entre sí para realizar lamultiplicación y
la división directa, y así es reconocido
como el inventor de la regla de cálculo en 1622.
Blaise
Pascal (1623-1662) inventó la calculadora mecánica en 1642.33 La
introducción de su pascalina en 1645 puso en marcha el desarrollo de
calculadoras mecánicas por primera vez en Europa y posteriormente en todo el
mundo. También hizo importantes contribuciones al estudio de los fluidos y
aclaró los conceptos de presión y vacío,
generalizando la obra de Evangelista Torricelli. Escribió un tratado
importante sobre la geometría proyectiva, a la edad de dieciséis
años. Más tarde mantendría correspondencia con Pierre
de Fermat (1601-1665) sobre la teoría de la probabilidad, influenciando
enormemente el desarrollo de laeconomía moderna
y las ciencias sociales.34
Gottfried
Leibniz (1646-1716), basándose en el trabajo de Pascal, se convirtió
en uno de los inventores más prolíficos en el campo de las calculadoras mecánicas; fue el primero en
describir una calculadora de rueda de pines en
168535 e
inventó la rueda de Leibniz, que se utiliza en el Aritmómetro,
la primera calculadora mecánica de producción masiva. También perfeccionó el
sistema numérico binario, base de casi todas las arquitecturas de computadora
modernas.
PROGRESOS EN LA CIENCIA Y TÉCNICA
A partir de la década de 1940, el progreso de la ciencia aplicada y el desarrollo de la técnica, adquirieron un ritmo vertiginoso impulsados por la guerra y la competencia comercial. Los Estados Unidos, empeñados en mantener la preponderancia mundial de su liderazgo tecnológico, encabezaron estas actividades.
A partir de la década de 1940, el progreso de la ciencia aplicada y el desarrollo de la técnica, adquirieron un ritmo vertiginoso impulsados por la guerra y la competencia comercial. Los Estados Unidos, empeñados en mantener la preponderancia mundial de su liderazgo tecnológico, encabezaron estas actividades.
La investigación, hasta entonces limitada
al laboratorio y a la Universidad, fue notablemente ampliada. Hoy la llevan a
cabo grandes empresas fabriles privadas y entes estatales, que invierten
cuantiosos recursos en refinado instrumental de precisión. La investigación,
cuidadosamente planificada de antemano, es confiada a profesionales organizados
en el trabajo en equipo.
Como consecuencia de esto, también se ha
extendido el llamado desarrollo, consistente en encontrar técnicas adecuadas
para aplicar los descubrimientos científicos.
Este progreso de nuestro siglo fue posible gracias a la obra de
Alberto Einstein, nacido en Alemania en 1879. Estudió física en el Kaiser
Wilhelm Instituto de Berlín. En 1921 ganó el Premio Nobel de ese año. Pasó a
los Estados Unidos en 1933 para eludir la persecución nazi contra los judíos.
Continuó su labor en la Universidad de
Princeton, hasta fallecer en 1955. Sus teorías, de extraordinaria audacia
intelectual, modificaron radicalmente las ciencias físicas, dotándolas de
nuevas bases filosóficas. Con el conjunto de sus ideas constituyó su Teoría de
la Relatividad, ésta afirma que la materia puede transformarse en energía.
Niels Bohr, Enrico Fermi y James Chadwick,
entre otros, profundizaron el estudio de la constitución íntima del atonto. Sus
primeras aplicaciones fueron de índole militar. En el centro científico
de Oak Ridge (EE. UU.) se fabricó la primera “bomba atómica”, cuyo
extraordinario poder proviene de la transformación de materia en enegía. Hoy en
día son múltiples los usos pacíficos de la energía atómica.
En 1957 entró en funcionamiento
en Shippingport, cerca de la ciudad de Pittsburgh, la primera central nuclear productora
de electricidad comercial. Luego se multiplicaron las unidades de ese tipo por
todo el mundo. El submarino “Nautilus” fue el primer buque impulsado por energía
atómica, seguido por rompehielos, portaaviones y barcos mercantes. Se tratan
actualmente proyectos de navíos espaciales atómicos para explorar otras
galaxias.
Partículas radiactivadas se utilizan en diagnósticos y tratamientos médicos y para la detección de fallas en máquinas.
Partículas radiactivadas se utilizan en diagnósticos y tratamientos médicos y para la detección de fallas en máquinas.
El rayo láser —haz
concentrador de luz—, descubierto por Teodoro Maiman en 1960, se emplea tanto
en cirugía como en corte de metales; otra aplicación en proyecto es la
transmisión de energía a distancia.
La exploración del espacio exterior se
inició con trabajos sobre proyectiles guiados (“bombas
voladoras”) efectuados en Alemania durante la guerra. Terminada la
contienda, estos científicos, ingenieros y técnicos pasaron a los Estados
Unidos y a Rusia, y allí continuaron sus trabajos. Entre ellos estaba }, director del
programa espacial norteamericano y responsable de la llegada del hombre a la
luna.
El 4 de octubre de 1957, Rusia colocó en
órbita al Sputnik, primer satélite artificial de la Tierra. El 12 de
abril de 1961 hizo lo propio con Yuri Gagarin, el primer astronauta.
El 20 de julio de
1969, a las 23 (hora argentina) pisó la Luna el norteamericano Neil
Armstrong.Inmediatamente después lo hizo su compañero Aldrin. Collins, el
tercer componente de la tripulación, permaneció en órbita lunar. La hazaña,
conocida como Misión Apolo 11, fue transmitida por televisión en vivo y
en directo y vista con toda nitidez en nuestro país. Vueltos a la Tierra tres
días después, luego de un viaje que en total insumió ocho días, fueron
largamente agasajados.
Siguieron otras
expediciones en que los astronautas exploraron parte de la superficie lunar
recorriéndola en vehículos. Los rusos realizaron una tarea similar empleando
artefactos no tripulados.
Otros navíos no
tripulados (sondas espaciales) enviaron fotografías, imágenes televisivas y
gran acopio de informaciones desde Marte y Venus, extendidas a los demás
planetas de nuestro sistema solar.
Los satélites de
comunicaciones facilitan el uso de la televisión y el teléfono y su empleo
intercontinental. Satélites en órbita llenan otros objetivos como la predicción
del tiempo, descubrimiento de yacimientos minerales subterráneos, tareas
geográficas, y como radiofaros para guía de aviones y barcos. Están dotados de
cámaras e instrumentos de muy alta sensibilidad, ya que pueden distinguir un
objeto del tamaño de una pelota de golf desde una altura de 500 km.
En los últimos años
se ha encarado la exploración de las profundidades y del suelo oceánico, donde
existen ricos yacimientos minerales. El estudio de vegetales y peces
desconocidos hasta entonces, hallados a miles de metros de profundidad,
esclarece y aumenta los conocimientos sobre la evolución de las especies.
La astronomía
recibió un notable impulso debido al progreso técnico. La observación estelar adquirió
gran precisión mediante telescopios puestos en órbita: libres de la
interferencia de la atmósfera. El análisis espectrográfico (descomposición por
el prisma de la luz de las estrellas) permitió detectar la presencia de
elementos químicos. La información directa obtenida por los vehículos
espaciales en los planetas y la utilización de gigantescas antenas en forma de
pantalla (radiotelescopio) que captan ondas electromagnéticas y radiales
emitidas por cuerpos celestes, aumentaron notablemente el conocimiento del
cosmos.
Mencionaremos los
importantes descubrimientos de los “agujeros negros“,
inmensas extensiones donde la materia se concentra hasta adquirir densidades
imposibles de imaginar, y los “quasars”, objetos que emiten enorme energía.
La electrónica
nació con el invento de la válvula triodo, obtenida por Lee De
Forest en 1907. Tomó como punto de partida experiencias de Edison sobre
descargas eléctricas en el vacío. La válvula encontró rápidamente aplicación
amplificando señales de radiofonía. Más tarde fue un elemento vital en la
construcción de computadoras.
La televisión
comercial, iniciada por Alien B. Du Mont en 1939, extendió el campo
de la electrónica. El descubrimiento de los semiconductores (elementos que
permiten el paso de la corriente eléctrica en un solo sentido), la invención
del transistor, los circuitos impresos y la miniaturización han erigido a la
electrónica en técnica indispensable para la vida del hombre.
Las investigaciones
de Luis de Gouffignal y Vannevar Bush abrieron el camino a la
construcción de la primera computadora, por sistema mecánico. Fue completada en
abril de 1944 por Howard Aiken. John Mauchly, de la Universidad
de Pennsylvania, construyó en 1946 a ENIAC,
nombre de la primera computadora electrónica a válvulas. Los avances
posteriores de la electrónica multiplicaron las posibilidades de funcionamiento
y la perfección de la computadora.
PROGRESOS EN LA
CIENCIA Y TÉCNICA
La cibernética,
fruto de los trabajos de Norberto Wiener y su equipo del Intitulo
Tecnológico de Massachussets (M.I.T.), recibió luego importantes aportes, como
el deHerbert Simón, de la Universidad de Chicago. Esta disciplina estudia el
mecanismo de funcionamiento de la mente humana y luego lo reproduce, mediante
el uso de computadoras, para la dirección automática de procesos industriales y
otros de la más variada índole.
Una aplicación es
el sistema de guía de proyectiles (misiles) que viajan miles de kilómetros
hacia un objetivo prefijado, corrigiendo automáticamente su curso con
referencia a la posición de las estrellas.
La Química
investigó profundamente la naturaleza de las reacciones utilizando los
conocimientos de la física nuclear y de otras disciplinas afines, como la
termodinámica y la metalurgia. Grandes progresos brindó el empleo del
microscopio electrónico.
Está basado en la
ampliación de la imagen por un campo magnético, fenómeno observado por Luis de Broglie
en 1932. La espectrografía y !a cromatografía (separación de elementos por
filtración), agilizaron los procedimientos de análisis.
La aparición de los
productos sintéticos data de 1931, con la obtención del neoprene(sustituto
de la goma) porNiewland y Garothers. Este último inventó el nylon en 1937. Las
fibras artificiales y los plásticos tienen infinidad de aplicaciones. Los
últimos descubrimientos permiten obtener proteínas alimenticias a partir del
petróleo.
La Biología y la
Medicina, al par de otras ciencias, se vieron favorecidas por la utilización
del microscopio electrónico. Facilitó el hallazgo y el estudio de los virus,
responsables de enfermedades muy difundidas como la gripe, la viruela, etc. La
lucha prosperó con el descubrimiento de las vacunas, como la de la
poliomielitis (parálisis infantil) realizado por los doctores Jonathan Salk en
1954 y Albert
Sabin, y con el uso de antibióticos: la penicilina, descubierta por Fleming
en 1930, la sulfamida, por Domagk en 1935, y la estreptomicina,
porWaksman en 1940.
La existencia de
las hormonas, hallada por Claude Bernard, fue seguida por el aislamiento de las
mismas, la adrenalina, en 1903, y la insulina, descubierta por Haig, entre
otras. Son utilizadas en el tratamiento de enfermedades. El control del
funcionamiento de los órganos que las secretan constituye la endocrinología.
El estudio de las
vitaminas, iniciado por el alemán C. Funk en 1912, su obtención y posterior
producción hicieron posible la erradicación de las enfermedades provocadas por
la falta de alguna de aquéllas, como el escorbuto, el beri beri y
ciertas formas de anemia. En algunos países se agregan vitaminas a los
productos de consumo masivo (pan, leche, etc.) para mejorar la dieta
alimentaria.
Se difundió el
transplante de órganos y la colocación de aparatos mecánicos o electrónicos en
el cuerpo humano. Se extendió el uso de elementos radiactivos y se facilitó la
exactitud del diagnóstico, mediante sondas de fibra óptica, que permiten ver en
el interior del cuerpo humano (por ejemplo en venas y arterias y en el sistema
gástrico) y aparatos de tomografía computada que trazan verdaderos mapas
radiográficos en tres dimensiones.
La investigación más reciente profundiza el conocimiento del origen de la vida y las leyes de la herencia biológica mediante el estudio de los genes.
La investigación más reciente profundiza el conocimiento del origen de la vida y las leyes de la herencia biológica mediante el estudio de los genes.
Crick,
Watson y Wilkins descubrieron en 1960
el ácido deoxiribonucleico (DNA), compuesto fundamental del gen
que rige las leyes de la herencia. Experiencias de ataque por bacterias
permiten modificar la estructura molecular del DNA, y de ese modo producir
plantas y animales de características más convenientes.
La mecanización y
el uso intensivo de productos químicos (herbicidas, pesticidas y abonos
sintéticos), revolucionó la agricultura. Aumentó el rendimiento, los cultivos
se extendieron a zonas anteriormente no aptas: se obtuvieron semillas y frutos
de mejor calidad y mayor tamaño.
La inseminación
artificial mejoró la calidad del ganado. Con el motor a reacción el transporte
aéreo adquirió gran preponderancia, aumentando su velocidad y capacidad de
carga; se transportan más de 300 pasajeros por vuelo. El Concorde,
franco británico, viaja a una velocidad de crucero de 2.200 kilómetros por
hora.
La ciencia es definida en la cultura
occidental como el conocimiento sistemático elaborado mediante observaciones y
técnicas para la organización y adquisición de conocimiento sobre la estructura
y función de un conjunto de hechos objetivos y accesibles a varios observadores
además de estar basada en un criterio de verdad y una correlación permanente.
El desarrollo de lo que conocemos como
ciencia es resultado de una necesidad humana de dar explicación y solución a
conceptos desconocidos, conceptos desconocidos que provienen de la conciencia
de algún fenómeno que luego es planteado como problema y por lo tanto cualquier
problema a resolver, que es abordado, generará conocimiento.
Sin embargo, en la opinión de un servidor,
el concepto de “ciencia” debería limitarse a ser considerado como tal, sólo
como lo señalo: “un concepto” para dejar de lado un gran misticismo que la
palabra trae consigo, porque ciencia entonces significa que todo lo que no esté
sistematizado y ordenado o en concordancia quedaría fuera. Para ejemplificar
esto me remonto al las culturas mesoamericanas antes del choque cultural con
occidente, cuando sus conocimientos se originaron de creencias y pragmatismos
basados en necesidades humanas, lo que sugiere que para los mesoamericanos el
conocimiento “puro” era considerado irrelevante y árido, cosa que contrasta con
la ciencia occidental que plantea que la ciencia debe ser basada en criterios
de verdad (idealmente), esto último dejaría fuera gran parte del conocimiento y
el efecto generado por las creencias, lo que significaría que la “ciencia” no
existía como tal en la Mesoamérica precolombina.
El desarrollo del “conocimiento” desde una
“visión” propia contempla una infinidad de “concepciones” que se ajustan a cada
vivencia individual y a cada vivencia cultural. El desarrollo humano depende de
los conceptos “alrededor” y “yo”. Sin embargo la influencia externa a una
cultura produce que las concepciones cambien y los conceptos adquieran nuevas
formas. Por ejemplo, el calendario Olmeca heredado a Mesoamérica y luego a la
cultura occidental, produjo la adaptación de medición temporal diferente a la
que se conocía por los occidentales.
En el hoy, el occidentalismo esta
fundamentado en la exclusión y el consumismo, que produce una “inanición”
cultural en pueblos que están en contacto con ella y que al final terminan y
terminarán por adoptar y depender de él, suprimiendo sus conocimientos como “no
verdaderos” y adquiriendo otros como “verdaderos”.
Por lo anterior, en mi opinión, para evitar
la disolución de las culturas y el conocimiento de ellas, los pueblos deben
tomar conciencia de las características de otras formas culturales y de las
propias, de esta manera la conciencia del “si mismo” proveerá de “identidad”
pero no debe llegar al “nacionalismo”. Como consecuencia, cada pueblo sería
capaz de distinguir que persigue cada característica de otra cultura y cuando
se trate de la supresión del “si mismo” esta característica podría ser ignorada
y/o rechazada. Al fomentar la identidad cultural, al conservar los conceptos y
las concepciones diferentes, se incuba el desarrollo y producción de lo que
llamamos “conocimiento” independientemente de los métodos y criterios de
verdad. La solución de problemas propios creará las condiciones para que el
individuo modifique su entorno y al mismo tiempo cree “conocimiento” desde su
“identidad” cultural. No se puede desarrollar la “ciencia” en un pueblo o
individuo sin identidad cultural, pues la “ciencia” es el resultado de la
cultura.
La imposición cultural, el consumismo, el
arte, etcétera, de origen occidental, a base de prejuicios, han excluido y
logrado dar la “imagen” de que todas las otras culturas son formas de vida
“primitivas” e “inadaptadas” concibiendo los medios para que esto sea absorbido
y aceptado por muchas de estas formas culturales.
El fomento a la producción de “conocimiento”
en formas culturales diferentes a la occidental, debe ser el fomento del su
propia forma cultural y la convivencia con otras, no la imposición, pero esto
es un proceso natural de transmisión, adaptación, muerte, ajuste, cambio,
descubrimientos, aplicaciones, olvido, etcétera.
En resumen, el acopio de conocimiento (lo
que nosotros conocemos como ciencia), debe estar al servicio del hombre y no el
hombre al servicio de la “ciencia”, y el fomento de la cultura propia,
respetando las otras formas, creará el verdadero desarrollo.
Obviamente todo esto que aquí escribo no es
nuevo, pero servirá como recordatorio. Espero recordar que hay que crearnos la
conciencia de que el enajenamiento es solo para el beneficio de lo que algunos
han llamado “la nueva conquista”.
http://campus-oei.org/oeivirt/curricie/curri01.htm
http://www.upf.edu/pcstacademy/_docs/cosce_01.pdf
http://www.madrimasd.org/blogs/universo/2007/06/02/66914



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