Hipercomunicacion
Al referirnos a información y comunicación, una de las
principales características del mundo actual es el acceso, casi ilimitado, a
las nuevas tecnologías. es necesario analizar cuándo resulta provechosa la
apertura a ellas y en qué momento hay una saturación perjudicial para nuestra
familia y para la sociedad.
Javier Pérez Latre
El 14 de abril de 1912, los operadores de radio del Titanic
recibieron seis mensajes de otros barcos. Les advertían de la presencia de las
grandes capas de hielo flotante que algunos pasajeros del Titanic habían
avistado también a primeras horas de la tarde. Pero el Titanic fue incapaz de
reaccionar a las repetidas advertencias.
Las paradojas de la comunicación digital
Las tecnologías digitales y móviles son extraordinarias,
pero, desde luego, no resuelven todos los problemas y debemos ser conscientes
de las señales de peligro. En este trabajo se investigan entornos digitales y
móviles de modo indistinto, aunque es posible que los efectos del uso de
dispositivos móviles merezca más adelante un análisis más detallado.
Una cita puede servir para centrar la hipótesis de este
trabajo: lo que la tecnología permite no es siempre es lo que alimenta el
espíritu humano (Turkle, 2012). Siguiendo esta línea de razonamiento planteamos
algunas preguntas:
l ¿Después de la transformación digital hemos ganado en
humanidad?
l ¿El crecimiento tecnológico va acompañado de un crecimiento
personal?
l ¿Qué tipo de persona emerge de la revolución digital?
l ¿Qué cambia en la familia y la sociedad con la adopción de
los medios digitales? ¿Es un cambio a mejor?
Quizá ha llegado el momento para una evaluación antropológica
de los entornos móviles y digitales. En otras palabras, deberíamos ser capaces
de fomentar una ecología de los entornos digitales y móviles que permita crear
espacios donde las personas puedan respirar aire puro y crecer de modo
saludable. El tipo de entornos digitales que puedan ayudar a que las familias
crezcan.
El célebre investigador de la comunicación canadiense
Marshall McLuhan explicó cómo creamos los medios y después los medios nos
recrean, nos cambian porque afectan nuestra percepción: comenzamos a acceder a
la información y ver el mundo a través de sus ojos. Como ha recordado Carr
(2014), el valor de una herramienta no es solamente lo que es capaz de producir
para nosotros, sino lo que produce en nosotros.
En la historia de los medios ha habido siempre luces y
sombras. Muchas de las luces son evidentes: el modo en que los medios digitales
y móviles nos pueden acercar suscita asombro y admiración. Sin embargo, los
investigadores se esfuerzan por comprender algunas paradojas y ambigüedades. De
alguna manera el mundo está en nuestras manos: estamos a un solo click de
contenidos actualizados e interesantes. A la vez, la cercanía e inmediatez de
noticias, entretenimiento y juegos es una fuente de distracciones y empuja a
muchas audiencias a la gratificación instantánea. Podemos tener una audiencia
global, pero podemos acabar también relativamente aislados de nuestra familia y
nuestros amigos. La rapidez de los entornos digitales y móviles es positiva,
pero también es una fuente de errores. El ingente volumen de información
disponible no garantiza siempre mejores conocimientos, más sabiduría o un mayor
servicio a las familias. La red es abierta y transparente, pero los rumores, la
propaganda y la mentira se difunden también fácilmente.
Por otra parte, en los entornos actuales de los medios,
limitar el acceso a las plataformas móviles y digitales parece cada día más
inviable. Expertos e investigadores llevan años hablando del Internet de las
cosas. El escenario más probable para las familias es que las personas estén
más conectadas todavía.
En cualquier caso, llegados a este punto no parece razonable
ignorar algunos peligros de los entornos digitales y móviles. Muchos de ellos
existían ya en la era analógica: el exceso de consumo, la proliferación de
contenidos degradantes, el déficit de edición en textos e imágenes, la
explotación del sensacionalismo, etc.
Sin embargo, la revolución digital se parece cada vez más a
un nuevo planeta en el que tenemos que aprender a vivir, caracterizado por un
asalto de la atención de las personas (Goleman) que tiene proporciones
descomunales.
Este trabajo no aspira a dar todas las respuestas, pero sí se
propone plantear preguntas que nos ayuden a pensar las implicaciones familiares
de la transición móvil y digital. Resulta imposible cubrir todos los ángulos de
la cuestión. Por eso, este trabajo se centra en algunos.
Juntos pero solos
Turkle alude a esta suerte de soledad acompañada en su
conocida obra Alone Together (2012). Los problemas que plantea resultan
conocidos. En la actualidad, se escriben mensajes y correos electrónicos en
clases, reuniones y comidas. Se usan presentaciones para acudir a Facebook o
hacer compras online. Las personas están distraídas, se ha generalizado una
especie de déficit de atención personal y social. La capacidad de estar atentos
y concentrarse en los mensajes disminuye. Parece que existe una huida de las
conversaciones de verdad que debemos tener, conversaciones que, como dice
Turkle, ocurren en tiempo real con efectos que a menudo resultan impredecibles,
a diferencia de los entornos controlados que son propios del paisaje móvil y
digital.
Estar siempre conectado no implica estar siempre acompañado.
De hecho, puede estar ocurriendo lo contrario: la tecnología puede potenciar el
anonimato. Las pistas visuales y verbales que son características de los
encuentros cara no se encuentran muchas veces en la comunicación digital porque
la mediación de las pantallas es realmente intensa.
La proliferación de amistades, un fenómeno positivo e
interesante en sí mismo, provoca también un incremento del peligro de
encontrarse con extraños. El incremento de las situaciones de acoso está ya
bien documentado en la investigación. Algunos públicos muestran una falta de
empatía que podría verse facilitada por el automatismo y la distancia de la
comunicación online.
En los ambientes digitales parece darse cierta tensión entre
el aislamiento y la sed de contacto, que nunca desaparece del todo entre las
personas. Por un lado, algunos parecen refugiarse en las relaciones virtuales
para reemplazar las conversaciones directas, porque les falta competencia
social. Por otro, el número de amigos aumenta y la relación con personas
cercanas puede intensificarse, lo cual es una verdadera oportunidad para las
familias. El uso de la comunicación digital debería actuar como facilitador de
la cercanía entre las personas, especialmente las que más nos importan. Por
tanto, cabe utilizar el aislamiento como indicador de fracaso en la
comunicación.
Los medios y las pantallas tienen otros efectos colaterales,
pero no debemos olvidar que, de hecho, los medios nos acercan. La aldea global
que McLuhan (1971) anticipó se ha hecho realidad en extremos que ni siquiera el
propio McLuhan llegó a prever.
Sin embargo, no debemos confundir conexión con comunicación.
La distinción que a veces se hace entre vida online y vida offline puede
resultar engañosa. La vida online o virtual es tan real como la vida misma
(aunque no sea una vida física). Somos los medios digitales que consumimos, el
uso que hacemos de smartphones y tablets, las redes sociales a las que
dedicamos el tiempo.
Es también una oportunidad para desplegar nuestra
personalidad, para bien o para mal. Los que se muestran respetuosos offline
también lo son online. Las familias deben comprender que la red es una plaza
pública donde nos retratamos. A menudo, los comentarios en blogs, Twitter,
Facebook, YouTube o la prensa digital muestran usuarios que, más o menos
escondidos en el anonimato, insultan, siembran la semilla del odio y se
muestran, en general, hostiles y enfadados.
La red es una extensión de las relaciones entre personas. Hay
necesidad de promover una comunicación abierta y honesta, optimista,
respetuosa; conviene desarrollar las buenas maneras, la etiqueta digital. Y no
hay nada mejor que una familia para enseñar modales, para impulsar una cierta
revolución de la amabilidad digital.
El valor de la identidad en la era de la marca personal
Diversos autores han hablado de la tendencia de nuestras
sociedades a generar personas narcisistas (ver, por ejemplo, Lasch, 1999;
Twenge & Campbell, 2009). En los entornos digitales y móviles las personas
son narcisistas en extremos que probablemente resultan desconocidos en otras
épocas. Pero de modo paradójico, el narcisismo se hace compatible con un celo
extraordinario para demandar la protección de la propia privacy.
La revista Time dedicó su cover story de mayo de 2013 a lo
que denominaba The Me, me, me generation, caracterizada por la búsqueda de la
visibilidad a cualquier precio. Jóvenes y mayores se comportan como incansables
promotores de sí mismos, en una época de marcas personales, un concepto que
plantea interrogantes. ¿Cómo podemos confiar en alguien que busca la
visibilidad?
Los usuarios expertos en medios digitales son capaces de
lograr el incremento de seguidores que les hará influyentes mediante la
utilización de herramientas y estrategias de comunicación sofisticadas. Pero
¿qué podemos decir de la calidad de los contenidos autorreferenciales y
autopromocionales? Además, vivir siempre hacia fuera tratando de construir una
imagen de éxito podría convertirse en fuente de nuevas patologías personales y
sociales.
La nube almacena grandes cantidades de información personal:
fotos, palabras y vídeos que pueden emerger en cualquier momento. Las familias
necesitan conocimientos para comprender los riesgos inherentes a esta era de
transparencia radical. En concreto, puede ser conveniente analizar hasta qué
punto ha cambiado la noción de privado. En realidad, nada de lo que se publica
en la red es completamente privado. En otras palabras, lo que se publica en las
redes es comunicación pública: si no queremos que algo se difunda, el mejor
camino que tenemos es no decirlo.
También deberíamos considerar más a menudo los peligros de
los juegos de identidad típicos de la era digital. Las personas tienen
distintos perfiles e identidades. Hay quienes pueden convertirse en la red en
las personas que no son en la vida real. Pero ¿son estas identidades cambiantes
bajo demanda una buena opción para crecer?
El concepto de identidad emerge como uno de los más
relevantes en los entornos móviles y digitales. Tener una identidad sólida es
de enorme valor; un recurso imprescindible, punto de referencia en tiempos de
cambio y dificultades en las familias. Y parece que una de las condiciones para
formar identidades saludables es la templanza y el autodominio. Se trata de
virtudes que son cruciales en la red. De nuevo, las familias son instituciones
vitales para enseñarlas. Ortega y Gasset (1932) describió lo que consideraba el
retrato psicológico de las personas de su tiempo: el hombre-masa, caracterizado
por la libre expansión de sus deseos vitales y una radical ingratitud hacia
cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia. Es decir, sólo le
preocupa su bienestar y al mismo tiempo es insolidario con las causas de ese
bienestar. Uno y otro rasgo componen la psicología del niño mimado.
Inundados por la información
La enorme abundancia de información es otro lugar de
reflexión. Tenemos acceso a cantidades previamente inconcebibles de
información, pero a menudo faltan el contexto y la interpretación. El
incremento de la cantidad de información no parece habernos hecho más sabios.
El acceso instantáneo a noticias de última hora nos da la oportunidad de estar
al tanto, quizá leyendo más titulares de fuentes diferentes que nunca. Pero
nuestra comprensión de los problemas no siempre resultará más profunda.
Johnson (2012) ha señalado que si queremos que las sociedades
democráticas prosperen necesitaremos una dieta de información más sana. Este
autor utiliza la analogía de la dieta para describir el problema y la vía de
solución: como cualquier dieta, dice, funciona mejor cuando se concibe no como
un modo de recibir menos información sino como modo de recibir más información
que tenga la necesaria calidad, desarrollando un hábito saludable.
En efecto, quizá debamos consumir más información valiosa.
Con una mayor cantidad de datos e información, serán necesarios mejores filtros
y más selección de contenidos. Habrá más incentivos para establecer una
jerarquía de información. Las fuentes con más calidad tendrán más valor
añadido. Y los públicos deberán necesitar la formación necesaria para hacer
mejor uso de su tiempo, distinguir lo mejor de lo peor y disponer de parámetros
que les permitan elegir el menú más adecuado a su edad y circunstancias. Para
tomar decisiones humanas no se necesita sólo información. Hace falta también
moralidad, interpretación y evaluación. Las familias proporcionan ese contexto
imprescindible.
La comunicación digital y móvil ha incrementado la rapidez de
las noticias de última hora, la difusión global de tendencias e ideas y la
participación en eventos en tiempo real. La velocidad de la información provoca
efectos llamativos en la reputación, las catástrofes naturales y crisis
humanitarias, las campañas políticas y movimientos sociales. Pero la velocidad
es también fuente de errores, ayuda a extender rumores y puede tener efectos
negativos sobre la verificación de los hechos. No cabe duda de la relevancia de
la velocidad, pero para evitar errores es necesario también subrayar la
necesidad de pausa y precisión.
¿En busca de la comunidad pérdida?
¿Qué ha sucedido con el Ágora griega? El Ágora era un lugar
de reunión, pero también era un sitio donde había personas que sólo se
preocupaban de entretenerse con las últimas noticias. El recuerdo del Ágora
evoca la necesidad de no fijarnos sólo en el hecho de que estamos hablando sino
también en el contenido y calidad de las conversaciones.
Ciertamente, en la red existe una conversación política
(Papacharissi, 2002). Sin embargo, ¿cómo contribuye esa conversación a la
creación de una comunidad política? ¿Serán los entornos digitales capaces de
promover la ciudadanía? A menudo se comprueba que las conversaciones de la red
distan bastante del verdadero diálogo. Activistas e influyentes con agendas
específicas tienden a dominar el discurso público, mientras existen mayorías
silenciosas que quedan al margen. El debate inteligente cae víctima de personas
beligerantes que utilizan los medios digitales como altavoces.
El efecto de la revolución digital en la política ha sigo
significativo. La red ha movilizado las protestas, de Atenas a Madrid; de
Egipto a Occupy Wall Street; de Brasil a Turquía. También parece ser un factor
que contribuye al poder de los que no tienen poder, que ahora pueden hacerse
presentes en la conversación pública, con efectos saludables (Enzensberger,
1970).
El poder de los cuatro grandes
Existe también creciente preocupación por la concentración de
poder que acumulan unos pocos gigantes de la red y sus efectos sobre la
difusión de informaciones y conocimientos. Los llamados cuatro grandes (Google,
Amazon, Apple y Facebook) dominan las conversaciones sobre tecnología y
disponen de maquinarias de comunicación y relaciones públicas sofisticadas.
Estas grandes empresas globales disponen de una cantidad de datos e información
de los públicos que no tiene precedentes. Los públicos han intercambiado esa
información a cambio de sus servicios, pero las audiencias no son siempre
conscientes de la información que han cedido. El uso experto de la información
hace que los comportamientos parezcan predecibles. Lo que muchos llaman Big
Data y la capacidad de analizar amplias bases de datos permitirán a los cuatro
grandes incrementar su poder sobre los públicos en los próximos años. ¿Harán
buen uso de su poder?
Parisier (2012) ha explicado cómo cada persona obtiene de sus
búsquedas diferentes resultados en función de variables tan fortuitas como el
modo en que se sientan frente al ordenador. Las búsquedas dependen de otras
búsquedas; tienden a evitar una visión orgánica y se basan en los anteriores
comportamientos online. Estamos apenas comenzando a investigar estos efectos
pero ya se vislumbra el riesgo de que en lugar de tener conocimientos comunes,
el conocimiento se torne cada vez más individualizado, adaptado a nuestros
intereses personales, al historial de búsqueda y de compra. Lo cual suscita más
preguntas: ¿Cómo vamos a fomentar el bien común en esta sociedad de individuos?
¿Se verá afectado el sentido de comunidad? En un contexto así, parece que
existe necesidad de fomentar los espacios comunes que facilitan el
florecimiento de la sociedad. Ciertamente, la familia, la institución social
más básica y esencial, es uno de esos espacios (Key, 1964).
Discusión y conclusiones:
La tercera revolución digital
Estamos siempre conectados al mundo a través de tablets,
ordenadores personales y teléfonos inteligentes; con el correo electrónico,
Twitter, Facebook, Whatsapp o LinkedIn. Existe la necesidad de estar en línea
para estar cerca de amigos, familia y redes profesionales. De alguna manera,
los jefes y colegas de trabajo nos observan y esperan respuestas; si un
empleado queda desconectado su reputación profesional puede verse afectada.
Sin embargo, observamos también que la conexión incesante es
fuente de nuevas ansiedades y contribuye a que los límites entre vida
profesional y vida personal resulten más borrosos. Como consecuencia, hay
personas que promueven formas de comunicación más lentas y promueven abiertamente
la capacidad de desconexión. Se busca la creación espacios desconectados y
tiempos para la amistad y el descanso. Asoma una cierta nostalgia de la
desconexión que deviene tanto más valiosa en la medida en que parece imposible
de alcanzar.
Se esperaba que las tecnologías hicieran nuestras relaciones
de trabajo más fáciles y productivas. Pero, paradójicamente, quienes estén
siempre conectados tienen dificultades para poner en marcha proyectos valiosos
a largo plazo. Cuando nos convertimos en esclavos del flujo incesante de
noticias, juegos y entretenimiento, vemos como nuestra productividad desciende.
Es posible que necesitemos una comunicación más pausada, como
propugnan los defensores de la slow communication (Honoré, 2004). Sin embargo,
el silencio y la reflexión no son metas en sí mismos. Deben ser creadores,
ayudarnos a incrementar la calidad de nuestro trabajo y el servicio que
prestamos a los demás. En otras palabras, no basta cualquier silencio. Conviene
buscar el silencio que nos haga mejores. Puede suceder que lo importante no sea
tanto hablar poco, como hablar mejor.
La primera revolución digital llegó cuando se generalizó el
uso de Internet. Años después, entramos en la etapa de la movilidad y el tiempo
real, de la mano de tablets y smartphones y medios sociales como Facebook y
Twitter. La tercera revolución digital puede ser la del silencio, la reflexión,
la contemplación y la cercanía a los demás; la extensión de la tecnología para
promover personas, familias y sociedad más humanas, que hagan buen uso de las
posibilidades que ofrecerá la tecnología.
Las tecnologías de la comunicación son asombrosas. El modo en
que sirven para acercar a las personas, fomentando empatía entre ellas suscita
admiración. Pero existe una necesidad de orientación (Lipovetsky, 2008); se
hace necesario encauzarlas. El potencial de las plataformas digitales y móviles
para enriquecer personas, familias y sociedades, creando verdaderas comunidades
parece indudable. ¿Pero conseguirán que nuestras vidas, familias y espacios
públicos sean mejores? Tendremos que seguir pensando para lograr que los
entornos digitales se conviertan en espacios cada día más humanos, fomentando
un medio ambiente donde las personas puedan crecer respirando aire puro.
En una sociedad moderna, cuyo funcionamiento está determinado
en gran medida por el uso de la información digital, consideramos adecuado
ampliar el caracter multidisciplinario de la comunicación hacia la informática,
los estudios de la tecnología (su semiótica, filosofía y epistemología), las
ciencias cognitivas, los medios digitales, las artes, entre otras.
Este sitio tiene la modesta intención de discutir y plantear relaciones hipercomunicativas de fenómenos sociales contemporáneos a través de artículos, fichas técnicas de autores y tecnologías, proyectos de interés e incluso una emisión podcast llamada el HiperShow.
Este sitio tiene la modesta intención de discutir y plantear relaciones hipercomunicativas de fenómenos sociales contemporáneos a través de artículos, fichas técnicas de autores y tecnologías, proyectos de interés e incluso una emisión podcast llamada el HiperShow.
UÉ ES HIPERCOMUNICACIÓN
Cualquier vibración: sonido, palabra, pensamiento, tiene un efecto en nuestro ADN. Conseguir cierto efecto, en este caso curativo o de regreso a nuestra plena expresión energética, por medio de una selección consciente de una vibración, es lo que actualmente se llama hipercomunicación.
Las afirmaciones, decretos, programación lingüística, hipnosis y similares tiene fuertes efectos sobre los seres humanos y sus órganos, y debido a esto, sobre sus sentimiento, pensamientos y acciones.
Es totalmente normal y natural para nuestro ADN reaccionar al lenguaje. Maestros esotéricos y espirituales han sabido esto por cientos de años: nuestro cuerpo es programable por sonido, palabra y pensamiento. Ahora esto científicamente comprobado y explicado por el biofísico y biólogo molecular ruso Pjotr Garjajev.
Cualquier vibración: sonido, palabra, pensamiento, tiene un efecto en nuestro ADN. Conseguir cierto efecto, en este caso curativo o de regreso a nuestra plena expresión energética, por medio de una selección consciente de una vibración, es lo que actualmente se llama hipercomunicación.
Las afirmaciones, decretos, programación lingüística, hipnosis y similares tiene fuertes efectos sobre los seres humanos y sus órganos, y debido a esto, sobre sus sentimiento, pensamientos y acciones.
Es totalmente normal y natural para nuestro ADN reaccionar al lenguaje. Maestros esotéricos y espirituales han sabido esto por cientos de años: nuestro cuerpo es programable por sonido, palabra y pensamiento. Ahora esto científicamente comprobado y explicado por el biofísico y biólogo molecular ruso Pjotr Garjajev.
e traducen en costumbres y comportamientos rituales
generales, manifiesto patrimonial e idiosincrásico de una sociedad que hace
visible su forma de ser mediante la comunicación, interacciones circunscritas
en los diferentes contextos en que participan.
Los actores, individuos sociales, es decir, dispuestos a la
*sociabilización, son su punto de vista, los inventores de los cúmulos sociales
de significados que se ratifican como patrimonio simbólico de una sociedad al
propiciar los vestigios de su idiosincrasia. El estudio de la cotidianidad, lo
que sucede a diario en un lugar es su escenario de estudio al observar las
interacciones interpersonales en el consenso de tales significados.
*La sociabilidad es el modo de estar vinculado a un todo y
por un todo. Georg Simmel citado por Manuel Delgado, en su libro El espacio
público como ideología. La Catarata, Madrid, 2011.
A continuación les presentaré un ejemplo de observación etnográfica realizada en Medellín(Colombia) en el Parque de los Pies Descalzos.
Para ver un recuento fotográfico de tal observación etnográfica, visitar la página del blog:Etnografía en Imágenes
Observación Etnográfica Completa:
Descarga en PDF
Anexos: Fotos y Entrevistas de la observación etnográfica
Enviar por correo
electrónicoEscribe un blogCompartir con TwitterCompartir con FacebookCompartir en Pinterest
La atención es la clave de la escucha, la escucha nos
permite conocer el contexto en el que estamos, la escucha nos ubica de cierta
manera,
|
Si bien Weaver, se preocupó por eliminar, en lo posible el ruido en
la comunicación, es decir todo aquello que interfiere y distorsiona el mensaje
que se transmite.
Aunque la preocupación de Weaver no era sobre las interferencias en la comunicación directa, es decir presencial, sino indirecta, a través de un medio de comunicación; es pertinente mirar el ruido no solo como las interferencias en los medios técnicos sino también en la comunicación presencial, de ahí que la escucha sea de vital importancia para la comunicación efectiva e inteligible de lo que se transmite.
Aunque la preocupación de Weaver no era sobre las interferencias en la comunicación directa, es decir presencial, sino indirecta, a través de un medio de comunicación; es pertinente mirar el ruido no solo como las interferencias en los medios técnicos sino también en la comunicación presencial, de ahí que la escucha sea de vital importancia para la comunicación efectiva e inteligible de lo que se transmite.
A continuación les comparto un texto sobre la escucha
de Santiago Kovadloff, ensayista, filósofo y literato
argentino.
_________________________________________________________________________________
ESCUCHAR
Oir, más que estar dispuesto, es estar expuesto.
S. Kovadloff
Escuchar es abrirse al sentir y al comprender, esto es, al interpretar. Por eso es un captar que analiza e interpreta. No basta sólo con el oír, oler, ver, gustar, tocar: hay que interpretar, y para ello aplicar un saber incorporado de análisis del discurso.
Es un estar atento pero desconcentrado, que intenta abrirse a cuanto ocurre para que opere dentro de uno, atraviese la intuición y produzca ocurrencias que puedan ser el fundamento de una posible intervención, quizás del actuar.
Formarse en la escucha es entonces analizar la intuición,
esto es, estudiar a posteriori la pertinencia, los efectos de las ocurrencias,
de las intuiciones. Y reflexionar sobre los prejuicios que llevan a los
desaciertos, y sobre lo que, al contrario, motivó los aciertos. Y cuando haya
tiempo y conveniencia de analizar, hacerlo antes de actuar.
Abrirse implica estar lo más desprejuiciado que la formación permita, para así poder dejarse penetrar por el decir, por el ser que quiere (o debe) ser escuchado. Hay que sentir con todo el cuerpo y cada uno de los sentidos, pero también analizar el discurso, interpretar. Por eso es un sentir analítico.
Cuando llegan a formarse en las instituciones el papel de los
docentes y la institución no es otro que redireccionar dichos saberes e
instruir en nuevos conocimientos haciendo uso precisamente del bum tecnológico
de las comunicaciones.
Y por eso, las aulas en la actualidad no son los acostumbrados recintos de conocimiento que se tenían, debido a que el mundo actual en su rol tecnológico interfiere en los procesos de formación, siendo los medios de comunicación los que están bombardeando constantemente con ideas, modas y conocimientos; contribuyendo en gran parte a la formación del individuo; por lo cual los docentes podemos afirmar que la nueva era la híper comunicación comenzó con la intervención de la tecnología en las comunicaciones.
La híper comunicación no es más que la comunicación del individuo con su entorno utilizando los medios tecnológicos, logrando que su rol como estudiantes cambie y por su puesto el de los docentes.
Y por eso, las aulas en la actualidad no son los acostumbrados recintos de conocimiento que se tenían, debido a que el mundo actual en su rol tecnológico interfiere en los procesos de formación, siendo los medios de comunicación los que están bombardeando constantemente con ideas, modas y conocimientos; contribuyendo en gran parte a la formación del individuo; por lo cual los docentes podemos afirmar que la nueva era la híper comunicación comenzó con la intervención de la tecnología en las comunicaciones.
La híper comunicación no es más que la comunicación del individuo con su entorno utilizando los medios tecnológicos, logrando que su rol como estudiantes cambie y por su puesto el de los docentes.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario